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| Heroína Andina. |
| En los tiempos previos a la Independencia, se distingue a doña Águeda Monasterio de Latapiat, nacida en Santiago, Chile, 1772, hija de Ignacio Monasterio y Antonia de Silva, quien fué martirizada por el Jefe superior de las tropas Españolas, a causa de la colaboración en la Independencia de la patria. |
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Cuenta la historia que Doña Águeda , dueña del Fundo “La Monja” en Rinconada de Los Andes, financiaba con el fruto de las ganancias del fundo las actividades patriotas para lograr la independencia de Chile, ejerció un rol activo de espía, enviando misivas al ejercito libertador encubierta por su clase social. Durante este tiempo los pobladores de Rinconada también asistieron al Ejercito Libertador con alojamiento y alimentación , ya que por sus caminos pasaron las divisiones de Soler y O’Higgins, la noche previa a la Victoria de la Batalla de Chacabuco el 12 de Febrero de 1817.
Esta dama fue una de las emisarias que, con Manuel Rodriguez, compartieron el terror de los días tenebrosos de San Bruno, llevando despachos al Ejército Libertador.
La campaña de Los Andes que estaba preparando San Martín en 1816 no se podía planear sobre la base de ideas, había que manejarse sobre terreno seguro. Por eso mismo San Martín contó con los profesionales del secreto, a fin de rastrear pasos desconocidos en la cordillera que le permitieran una marcha tranquila en su cruce de Los Andes. No solamente esto, sino que los espías le permitieron saber las claves militares del enemigo, guardias y hasta el estado psicológico de los pueblos a los que iba a liberar.
El sistema celular o de células fue el más usado y consistía en centros de espionaje divididos en células, las cuales se situaban en las casas de patriotas chilenos que tenían la confianza de los españoles.
Los agentes eran por lo general emigrados chilenos, muchos de los cuales pertenecían a familias de clase alta, y eran voluntarios en estos trabajos. Esto facilitaba la infiltración. |
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San Martín también enviaba correspondencia falsa sobre sus propias informaciones. Esto se hacía enviando correos, bajo la estricta orden de no resistirse ante el enemigo, con planes falsos de invasión. De esta forma Marcó del Pont, jefe español en Chile, dudó del lugar desde donde iba a llegar la invasión del Ejército de los Andes, ya que muchos correos capturados marcaban la parte sur de la cordillera como la mejor para el cruce. San Martín también utilizaba a los indígenas para su campaña de informaciones falsas, ya que éstos estaban en contacto con los españoles y eran incapaces de mantener un secreto. Se les contaba detalles de los planes sabiendo que en pocos días estarían a oídos de Marcó del Pont.
Un rol decisivo juegan las mujeres en los días de la Independencia. Paula Jaraquemada y Agueda Monasterio mantienen la resistencia oculta ante los atropellos de los gobernantes hispánicos que vuelven en los días de la Reconquista. Su entereza y su habilidad ayudan a los chilenos que añoran la Patria Vieja y sus artes les permiten esconder a los patriotas perseguidos, soportando las vejaciones y los atropellos de que las hicieron víctimas Marcó del Pont.
Agueda de Monasterio, patricia abnegada a quien engrillaron y escarnecieron para que revelara cosas que a los realistas importaba saber. “La señora Agueda jamás quiso declarar nada, por más torturas y tormentos que recibía; murió pero nada se descubrió”. Se dice que su cadáver se mantuvo insepulto durante tres días para obligar a los suyos a manifestar los secretos y maquinaciones de aquella valiente mujer. Cuando Chile recuperó su libertad, un hijo de doña Agueda fue condecorado por la Legión de Mérito, en memoria de su madre; homenaje póstumo que también recibió su hija.
Doña Agueda murió en los momentos cruciales del triunfo patriota, agobiada por los castigos que los talaveras le infligieron por haberse tragado una carta de San Martín, su terrible capitán le hizo abrir el estómago, después de muerta, para extraer la correspondencia.
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